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Por fin llegó la hora del desconfinamiento, pero… no me siento bien

En estos últimos días me preguntan a menudo qué es el “Síndrome de la Cabaña” y si es un trastorno para preocuparse.

Primero aclarar que no, que no es un tratastorno psicológico, el “Síndrome de la Cabaña” es una nueva etiquetación (desgraciadamente) para definir una dificultad mayor de lo normal para adaptarse a una nueva situación.

Consiste en haber desarrollado miedo a salir a la calle o a interactuar con otras personas debido al confinamiento de estos casi dos meses.

Paradójicamente se está observando mayormente en personas a las que más les costó adaptarse al encierro.

El desconfinamiento y la problemática psicológica derivada del mismo va a depender de la percepción subjetiva que tengamos del peligro de contagio fuera de casa y en la interacción con otras personas.

La diferencia entre la percepción objetiva y subjetiva vendría no por lo que es sino por lo que nuestra mente nos interpreta de manera distorsionada la realidad de la situación, vivenciándola como peligrosa o amenazante.

Nos encontramos con una parte objetiva que es real, estamos en una situación desconocida, con una parte importante de la población que ha enfermado y en el peor de los casos un número muy alto de fallecidos.

La parte subjetiva es la que interpretamos bien erróneamente o nos llega de información que no es real.

¿Qué podemos hacer?

Desde el Colegio de Psicólogos se ha dado una información muy útil:

  1. Respetar las normas y las medidas de protección.
  2. Comportamiento responsable y solidario.
  3. Identificar tus posibilidades ante esta nueva situación.
  4. Saber que podemos contribuir a no contagiarnos o contagiar a través de mantener la distancia social y la higiene.
  5. Ser conscientes del gran esfuerzo que hemos hecho todos y de que podemos seguir avanzando.
  6. Seguir manteniendo llamadas y cafés virtuales.
  7. Implicar a todos los miembros de la familia en esta nueva situación.
  8. Centrarse en el presente.
  9. Informarte de lo que ocurre por fuentes oficiales.
  10. Mantener rutinas.

Teniendo una información correcta y manteniendo las medidas de protección individuales y sociales es el momento de salir a la calle.

Observemos que sensaciones tenemos estando de nuevo rodeados de gente y lejos del refugio en que hemos estado casi dos meses.

Permitámonos darnos un tiempo para normalizar algo que no es normal. La situación actual no la hemos vivido y provoca muchos pensamientos y sensaciones que nos pueden causar malestar.

La población más expuesta a sufrir las consecuencias de no adaptarse al desconfinamiento serían los ancianos y los hipocondríacos.

Ambas poblaciones por razones diferentes pero obvias que caracterizan a estos grupos poblacionales.

Llevado al extremo daría lugar al desarrollo de agorofobia que sería un trastorno de ansiedad producido por el miedo a quedarse atrapado, indefenso o a las multitudes.

No olvides consultar con un psicólogo si ves que lo que sientes y/o piensas te está causando malestar, es una situación nueva en la que la psicología puede ayudarte a lograr una adaptación adecuada normalizando las emociones y los pensamientos irracionales.