desconfinamiento

Por fin llegó la hora del desconfinamiento, pero… no me siento bien

En estos últimos días me preguntan a menudo qué es el “Síndrome de la Cabaña” y si es un trastorno para preocuparse.

Primero aclarar que no, que no es un tratastorno psicológico, el “Síndrome de la Cabaña” es una nueva etiquetación (desgraciadamente) para definir una dificultad mayor de lo normal para adaptarse a una nueva situación.

Consiste en haber desarrollado miedo a salir a la calle o a interactuar con otras personas debido al confinamiento de estos casi dos meses.

Paradójicamente se está observando mayormente en personas a las que más les costó adaptarse al encierro.

El desconfinamiento y la problemática psicológica derivada del mismo va a depender de la percepción subjetiva que tengamos del peligro de contagio fuera de casa y en la interacción con otras personas.

La diferencia entre la percepción objetiva y subjetiva vendría no por lo que es sino por lo que nuestra mente nos interpreta de manera distorsionada la realidad de la situación, vivenciándola como peligrosa o amenazante.

Nos encontramos con una parte objetiva que es real, estamos en una situación desconocida, con una parte importante de la población que ha enfermado y en el peor de los casos un número muy alto de fallecidos.

La parte subjetiva es la que interpretamos bien erróneamente o nos llega de información que no es real.

¿Qué podemos hacer?

Desde el Colegio de Psicólogos se ha dado una información muy útil:

  1. Respetar las normas y las medidas de protección.
  2. Comportamiento responsable y solidario.
  3. Identificar tus posibilidades ante esta nueva situación.
  4. Saber que podemos contribuir a no contagiarnos o contagiar a través de mantener la distancia social y la higiene.
  5. Ser conscientes del gran esfuerzo que hemos hecho todos y de que podemos seguir avanzando.
  6. Seguir manteniendo llamadas y cafés virtuales.
  7. Implicar a todos los miembros de la familia en esta nueva situación.
  8. Centrarse en el presente.
  9. Informarte de lo que ocurre por fuentes oficiales.
  10. Mantener rutinas.

Teniendo una información correcta y manteniendo las medidas de protección individuales y sociales es el momento de salir a la calle.

Observemos que sensaciones tenemos estando de nuevo rodeados de gente y lejos del refugio en que hemos estado casi dos meses.

Permitámonos darnos un tiempo para normalizar algo que no es normal. La situación actual no la hemos vivido y provoca muchos pensamientos y sensaciones que nos pueden causar malestar.

La población más expuesta a sufrir las consecuencias de no adaptarse al desconfinamiento serían los ancianos y los hipocondríacos.

Ambas poblaciones por razones diferentes pero obvias que caracterizan a estos grupos poblacionales.

Llevado al extremo daría lugar al desarrollo de agorofobia que sería un trastorno de ansiedad producido por el miedo a quedarse atrapado, indefenso o a las multitudes.

No olvides consultar con un psicólogo si ves que lo que sientes y/o piensas te está causando malestar, es una situación nueva en la que la psicología puede ayudarte a lograr una adaptación adecuada normalizando las emociones y los pensamientos irracionales.

picologo en Málaga Javier Álvarez

Terapia Psicológica Online

Acceder a tener sesiones de terapia online supone ya de por sí romper una barrera: la del primer día adelante de la pantalla.

A muchas personas se les hace raro el acceder a su psicoterapeuta por un medio aparentemente tan “frío” como puede ser la videoconferencia pero si algo nos ha demostrado este tiempo en el que se ha desarrollado la cuarentena es que podemos adaptarnos a casi todo. Muchas gente a la que antes se le antojaba como una excentricidad, algo que nunca harían porque, “qué tontería plantarte delante de un ordenador para hablar con alguien pudiendo llamar por teléfono” encuentran que ver la imagen de esa otra persona es hasta reconfortante y en el caso de la psicoterapia, da un tono personal que muchas veces es muy parecido al de la propia consulta.

¿Cómo contacto con mi psicoterapeuta?

En mi caso suelo utilizar la plataforma de videollamas de Skype o algunas plataformas de telemedicina que permiten realizar este tipo de videollamada, pero no es la única forma de realizar una Terapia Online. Se puede hacer por distintos medios como WhatsApp, llamadas telefónicas, email o alguna otra plataforma: basta con que nos pongamos de acuerdo.

Se funciona por agenda, como cuando acudes a la consulta, y dentro de esta disponibilidad se intenta ser lo más accesible posible en función de la necesidad y urgencia del paciente.

¿Qué temas se tratan más en Terapia Online?

Al funcionar como una consulta normal solo que se implica más el punto tecnológico, los temas a tratar son muy variados, En terapia individual se trata la ansiedad, el bajo estado de ánimo, pensamientos obsesivos, crecimiento personal, fobias, crisis de pareja o familiares… Son muchos los temas, efectivamente pero nos podemos amoldar perfectamente.

¿Recomendaciones?

No tienes que complicarte mucho para disponer de una Terapia Online fructífera. Es conveniente que estés en una habitación, relajado, en la que no te vayan a interrumpir ni tengas que estar pendiente de ello, tener el ordenador a punto o el medio que se vaya a utilizar para la comunicación, y ¡listo!

Las sesiones son de una hora, como en consulta, y podrás acceder a tu psicoterapeuta de igual forma.

Si tienes cualquier otra duda o consulta, puedes llamarme al 618 058 800, mediante email, formulario en la web www.javierpsicologomalaga.com o, dentro de la misma web, en el botón “reservar cita”.

cuarentena

Afrontar la Crisis producida por el Coronavirus

Intentaremos en este post dar algunas directrices que ayuden a sobrellevar este encierro que es la cuarentena sanitaria que tanto nos puede beneficiar a todos.

Es importante normalizar (aunque suene mal) lo que estamos viviendo estos días. No deja de ser una situación excepcional que no por transitoria se convierte en menos dura.

Normalizar en el sentido de entender y aceptar que las emociones que estamos sintiendo estos días son emociones adecuadas a lo que estamos viviendo.

Es importante aceptar que sentir miedo, ansiedad, desesperanza y/o cualquier otra emoción es completamente normal. A fin de cuentas las emociones bien gestionadas nos indican nuestra relación con el entorno y saber manejarlas es lo que hace que tengamos una relación sana con ellas y con lo que ocurre a nuestro alrededor.

Habrá momentos del día en que iremos oscilando del pesimismo al optimismo. Es normal, no deja de ser una prueba exigente esta situación que vivimos.

Lo que no podemos dejar y ahí es donde hemos de trabajarnos es que dichas emociones gobiernen nuestro día a día.

Es importante la información pero lo perjudicial es la infoxicación: el exceso de información; el estar “pegados” todo el día al televisor esperando información nueva. Tenemos que obligarnos a desconectar de la saturación de información y dedicar tiempo a otras cosas.

¿Cómo enfrentarnos al día a día?

Lo principal es establecer rutinas. Un día puede pasar muy rápido o hacerse eterno; para ello establecer rutinas es primordial.

Si tenemos niños tendremos un trabajo más duro que hacer, tenemos que entretenerles, hacer que mantengan su actividad escolar y animarles, ¡casi nada!

A los niños es imprescindible darles seguridad, deben ver que nosotros no estamos desbordados, que mantenemos nuestro buen ánimo, según la edad se les puede explicar pero desde una perspectiva de luchar contra una contrariedad de la que vamos a salir.

Son días que pueden ser una oportunidad para estar juntos en familia, si nos damos cuenta uno de los mayores problemas de nuestra sociedad es la falta de tiempo, bien, pues de una manera impuesta (y no deseada) vamos a tener la oportunidad de tener tiempo para hablar, jugar cocinar, colocar cajones, pintar, leer, ver series…

Nuestros pensamientos tienen que ser nuestros aliados, esto es una lucha que tenemos, que vamos a ganar y para ello tenemos que poner nuestra cabeza a trabajar en positivo.

Pensemos que cada día es una batalla que hemos ganado y vivamos cada día acorde a esta lucha.

Hace poco me decía una amiga que era un confinamiento de ricos, refiriéndose a que dentro de lo malo en la mayoría de las casas las familias están juntas con el frigorífico lleno. Y con papel higiénico.

Pongamos a trabajar nuestras emociones y pensamientos a nuestro favor para realizar conductas que nos lleven a pasar estos días lo mejor posible.

Quedemos en casa, ¿cómo nos puede estar costando tanto quedarnos en casa cuando es algo en que nos va la vida y la de nuestra gente?

blue monday

Blue Monday e ir al psicólogo. ¿Qué está pasando?

El pasado lunes día 20 fue el llamado “Blue Monday” el día más triste del año, y apareció en todos los medios. Hasta se hicieron campañas publicitarias que hablaban de ello con intención de hacerte comprar para “pasar el día más triste” o que incluso te daban pautas de comportamiento para afrontarlo.

¿Qué hay de cierto en el “Blue Monday”? En realidad: nada. Blue Monday fue algo que se originó con motivo de una campaña publicitaria de la compañía (que ya no existe) Sky Travel, y su razonamiento se apoyaba en una fórmula pseudocientífica que desarrolló un profesor retirado de la Universidad de Cardiff (que ya se distanció del profesor). La ecuación en sí no se sostiene ni justifica nada de nada.

Así pues, ¿por qué consideramos que el Blue Monday es el día más triste? O ya puestos, ¿por qué los lunes son tristes y desapacibles? ¿Por qué nos cuesta tanto la vuelta al trabajo, ya sea después de Navidades o Verano?

La respuesta desde la psicología cognitiva la tenemos clara. los pensamientos influyen en nuestro estado de ánimo y estos los publicistas y los empresarios son conscientes de ello.

El “Blue Monday” es un fantástico ejemplo de cómo funciona nuestra mente, cómo los pensamientos anteceden a un estado de ánimo y como esos pensamientos y ese estado de ánimo producen una conducta, en este caso la compra de artículos que probablemente no necesito para encontrar bienestar en la compra y poder paliar las consecuencias del peor lunes del año… ¿Por qué el peor lunes del año? Pues porque me han hecho creer que ese pensamiento es real y que un lunes puede ser mejor o peor que otro cualquiera.

Yo, como psicólogo cuando alguien me plantea en terapia lo malo que son los lunes le contesto lo buenos que son para mí.

Esa persona en cuestión lleva todo el domingo por la tarde atormentándose con la idea de que mañana hay que trabajar, que hay que madrugar que tengo que ver a mí jefe, a ese compañero que mi mente me dice que es lo pero, y así, más y más pensamientos negativos.

Yo los domingos intento disfrutar del domingo y no pensar en el trabajo y cuando tengo un día negativo y pienso en lo malo que es un lunes automáticamente (ha sido un proceso terapéutico) pienso en: “¡¡Javier que tienes trabajo!!”, “Javier ten una actitud de intentar que sea un buen lunes, que quedan cinco días para otro fin de semana”, o cualquier otro que contrarreste los pensamientos negativos. No se trata de pensar en positivo, hoy en día hay muchos estudios que dicen que eso no funciona, se trata de tener pensamientos realistas.

Quizás un lunes no es el mejor día de la semana ¡pero tampoco es el peor lunes del año! ¿Blue Monday?… Es un lunes como otro cualquiera.

ansiedad navidad

Navidad, ¿bien o en familia?

En estas fechas corre un chiste que pregunta: la Navidad, ¿bien o en familia? Detrás de un chascarrillo irónico subyace la sabiduría popular de algo que los psicólogos podemos dar fe… En Navidad se incrementan los conflictos familiares, además de dispararse las situaciones de ansiedad pre reuniones familiares, muchas veces solo con ver los primeros adornos.

no entrar al trapo de la ansiedad en Navidad
Fingers art of couple celebrates Christmas. Concept of man and woman during quarrel in New Year, child is upset.

Los motivos son varios, el vaso se ha ido llenando a lo largo del año, hemos ido dando excusas para no juntarnos, para no vernos, pero… y quedemos dilatarlo al máximo posible, incluso pensando en qué pasaría si no fuéramos, qué pasaría si ponemos una excusa y evitamos esa mesa navideña con todo lo que conlleva. La ansiedad en Navidad hace presa en nosotros y de pronto… llega el 24 de Diciembre y ya no hay excusa que poner. ¡Tenemos que sentarnos en la mesa con aquel familiar al que hemos intentado no ver ni escuchar durante un año!

Es el día del cuñado/a, primo/a y a veces incluso hermanos que saben de vino, entienden de cocina, saben como educar a nuestros hijos, de economía o de cualquier tema que se ponga sobre la mesa, y que además no se corta en criticar tu veganismo y sin cortarse un pelo para pontificar sobre política y de cómo arreglar la sociedad, por no hablar de tu vida personal, incluso. Si  a esto añadimos, como decíamos, antes que el vaso ya estaba casi lleno…voila!, tenemos servido el conflicto, que explotará en la cena de Navidad o al llegar a casa con la pareja (típicos daños colaterales posteriores y que muchas veces están a nuestro lado cuando la ansiedad en Navidad hace presa en nuestro ánimo).

Y ahora: ¡viene la Navidad!

Estamos muy acostumbrados a oír hablar “Personas tóxicas” y no nos damos cuenta o queda mal decir que también existen “cuñados tóxicos” y “familias tóxicas”, aquellos en los que pensar incluso nos puede disparar la ansiedad.

La diferencia es que una persona tóxica con la que no pertenece a nuestra familia podemos identificarla y una vez que lo hemos hechos apartarla de nuestra vida, es algo tóxico, no nos hace bien y decido que no lo quiero en mi vida.

¿Qué haces cuanto te tratan mal?

Me trato bien y me voy.

En cambio, ¿cómo apartar un cuñado, una suegra, un hermano o cualquier otro familiar sin que tenga un alto coste emocional para nosotros o para la familia?, ¿cómo no ser destrozados emocionalmente por un familiar tóxico sin romper la familia?

La respuesta es a través de la “actitud”. Debemos ser conscientes que en la vida a veces tenemos que “tragar ciertos sapos” para que las relaciones funcionen. Es necesario aceptar que no habrá una buena relación con un familiar tóxico pero que sí puede ser una correcta relación en la que por el bien de la familia hablemos del tiempo, los niños, o el programa de televisión sobre la Navidad.

Un error muy común es autoengañarnos diciéndonos: “yo no soy falso y como no me cae bien lo hago ver”. Eso en la jungla emocional podría estar bien, pero como hemos dicho que en la vida familiar hay que tragar ciertos sapos por el bienestar de nuestras parejas, hijos o restos de familia, la actitud ha de ser constructiva y de autocontrol desde la generosidad.

Si lo pensamos bien, hablar de temas triviales un par de veces al año por el bien de los que queremos no es un precio tan alto, es cuestión de actitud, actitud de “poner cara fácil”…sonreír, preguntar…

Sí aún así no funciona poco podremos hacer. Hay otro dicho que dice que dos “no discuten si uno no quiere”.

A mí me gusta más darle la vuelta y decir que “dos no se llevan bien si uno no quiere”. Si nuestra actitud es de sentarnos en una mesa, buscar temas de conversación, poner cara fácil y no funciona poco podremos hacer, pero nosotros habremos trabajado en el bienestar familiar y personal y, personalmente, habremos trabajado en lo posible no solo con nuestra ansiedad en Navidad sino también para con la familia, la pareja, y podremos estar satisfechos de no haber sido nosotros quienes no hayan puesto de su parte para salvar el momento.

La ansiedad en Navidad es algo común y no olvides que en cualquier caso, siempre hay psicólogos en Málaga dispuestos a ayudarte.

piscologo y terapueta

Psicólogo en Málaga: diferencias con el terapeuta

Cuando necesitas un profesional de la psicología en Málaga tienes un amplio abanico donde elegir, pero este post va más orientado a diferenciar y que puedas conocer la distinción entre Psicólogo y Terapeuta, para que siempre tengas claro a qué profesional vas a ir y cuál te conviene en función de tu necesidad.

El terapeuta.

Normalmente el terapeuta realiza una función de apoyo a personas con trastornos emocionales o mentales, pero eso variará mucho de su formación y especialización. Su labor es la de asesorar, apoyar y guiar a los pacientes. Un terapeuta (que no sea psicólogo o psiquiatra, como hay muchos, que son trabajadores sociales o consejeros), no tiene el poder de diagnosticar de forma fundamentada como un psicólogo ni de elaborar propuestas de intervención.

Están especializados en ayudar y orientar, apoyando al paciente en su toma de decisiones para que sea productiva y adecuada a la terapia.

El psicólogo.

Sin embargo el psicólogo en este caso, presenta diferencias profundas con el terapeuta. Para empezar la formación, puesto que los psicólogos están acreditados por la carrera de Psicología a la par que también suelen formarse posteriormente en terapias distintas (un psicólogo puede especializarse en varios tipos de terapias, como es el caso de Javier, y puede ayudar en múltiples campos de la psicología y en distintos tipos de terapia.

Además, otra diferencia es que un psicólogo no es siempre un terapeuta puesto que los hay que no se dedican a ello. Un ejemplo de esto son los piscólogos educativos que realizan una importante labor en las instituciones educativas asesorando y dando apoyo a alumnos, profesores o grupos.

Por otro lado el psicólogo sí tiene los conocimientos y formación adecuados para establecer diagnósticos de trastornos o problemas mentales, pudiendo discernir y ponderar cuáles son las mejores líneas de acción en función de la afección que se presente. Puede brindar apoyo, orientación y dar terapia necesaria a sus pacientes para ayudar a mejorar su estado y su calidad de vida.

Además gracias a su amplia formación constante pueden proponer distintos tipos de terapias, algunas más especializadas, para tratar al paciente de forma más efectiva.

Por lo tanto tenemos que un psicólogo puede ser un psicoterapeuta, es decir, alguien que se ha especializado en piscología clínica o de la salud.

Un psicólogo en Málaga podrá tratar los problemas que tengas con un diagnóstico, una propuesta de terapia y un seguimiento en el tiempo que haga que puedas afrontar tus problemas con la tranquilidad de estar en manos de un profesional cualificado para ello. Y si tienes preguntas o consultas no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

proceso de duelo

El proceso de duelo

Algo indisoluble del ciclo de la vida es perder. Perder seres queridos, perder a gente conocida, asistir a funerales, entrar en ese momento en el que todo es aflicción y los que nos rodean también está marcado por ese dolor.

Habitualmente cuando se padece el duelo, se afronta y poco a poco, con el tiempo y la actividad diaria, se va dejando atrás, tan solo recordado quizás por fechas o por algunos acontecimientos marcados tanto en el calendario como en las tradiciones familiares.

Pero cuando ese proceso de duelo es algo que nos supera puede ser el momento de pedir ayuda. Porque no siempre estamos en la mejor disposición de afrontar algo tan duro como la pérdida. Y esa pérdida adquiere muchas formas, pueden ser personas, familiares, conocidos hasta mascotas con las que hemos tenido una fuerte vinculación emocional.

Y no se trata de olvidar. No es el actuar como si nunca hubiera existido. Es algo más, es asimilar que se ha ido, y que todo sigue. Y quizás eso se antoje como inabarcable, inmenso e imposible de superar. Y no pasa nada: un profesional de la psicología puede ayudar en ese proceso de duelo, para entender lo que sentimos, lo que afrontamos, lo que supone la pérdida y la reacción de nuestro ánimo, de nuestras emociones ante la situación.

Porque es algo que ocurre y siempre ocurrirá y muchas veces no estamos en el mejor momento para asimilarlo, para procesarlo e incluso para explicarlo a los más pequeños. Es por eso que la preparación de un psicólogo puede ayudar en sesiones en las que hablará y trabajará en torno a esos sentimientos y ese proceso de duelo.

Para algunas personas o para personas que están en un momento vital que les permite asimilarlo, es algo doloroso pero que poco a poco irán superando. Para otras personas quizás por su tendencia emocional o por su momento vital, se convierte en un mundo y puede incluso frenar el desarrollo del día a día porque multitud de pensamientos y emociones los abarcan e impiden concentrarse en el ahora, tan solo sintiendo la pérdida.

El psicólogo no te “ayudará a olvidar”. Te ayudará a entender lo que estás pasando y cómo afrontarlo, cómo incorporarlo a tu vida y cómo recuperar el día a día. Porque el duelo puede herir y doler, pero no superarlo, duele más y un buen profesional tan solo se preocupa de que mejores, de ayudar y de hacer que tu vida diaria sea lo mejor posible.

dialogo interior

El diálogo interior y las profecías autocumplidas

A veces tendemos a condicionarnos, tanto a nosotros mismos como a nuestras actitudes ante las situaciones y los acontecimientos, debido a nuestro propio tren de pensamientos, pensamientos de corte negativo.

Esos pensamientos en muchas ocasiones no son propios, pueden haber sido inculcados. Quizás no con mala intención, pero puede darse que de tanto repetirse se acabe interiorizando a un nivel muy profundo. Decían aquello de que “una mentira contada mil veces puede acabar siendo una realidad”, y en estos casos, si lo unimos al tremendo poder que tienen nuestras mentes, pueden dar lugar a actitudes y formas de comportamiento que vienen dados por ese proceso.

Te puedes descubrir haciendo cien maniobras para aparcar, porque “total, con lo mal que se te da tardarás una eternidad”. O que te veas negado para cualquier actividad manual más o menos mañosa porque “es que siempre has sido muy torpe y a ti eso nunca se te ha dado bien”, repetido una y mil veces en edades tempranas (y no tan tempranas), por alguien cercano. Muchas veces hemos podido escuchar el momento “es que no vale para estudiar”, dicho por progenitores, propios o ajenos, y a la larga, salvo contadas ocasiones, suelen darse procesos en los que se acaba por un abandono de los estudios, cuando quizás esa falta de incentivo hizo que el esfuerzo siempre se viera sofocado por el diálogo interno de esas palabras escuchadas de que no “vale para estudiar”.

Esos diálogos internos son los que a la larga nos boicotean, favoreciendo actitudes muy negativas ante acontecimientos que no tienen por qué ser algo malo para nosotros, que no tienen por qué suponer un esfuerzo extra. Pero la actitud derrotista nos atenaza porque lo hemos oído tantas veces que ya está asumido (sin tener por qué ser verdad), simplemente requiere el esfuerzo de deshacerse de esa interiorización.

Ahí está el trabajo a desarrollar con un psicólogo. En este caso el psicólogo te puede ir guiando, haciendo ver, no “convenciéndote”, sino a través de una terapia adecuada, descubriéndote que ese diálogo interno es algo que nosotros mismos nos ponemos como excusa o que nos ha hecho tanta mella que nos negamos el darnos la oportunidad de hacerlo.

Decía Sun Tzu, en El arte de la Guerra:

«Conocerse a uno mismo y conocer a su enemigo, es no ser derrotado en cien batallas.

No conocerse a uno mismo es derrota segura.

Llegar a conocerse a uno mismo y perder una batalla es una victoria por derrota».

Así que no esperes que llegue la batalla: prepárate, conócete a ti mismo, pide ayuda si la necesitas porque tienes la suerte de que aquí estamos para eso, para ayudarte, y desembarazarte de esos diálogos internos que te lastran y pueden negarte algo que realmente te mereces.

Ir al psicólogo en Málaga

Ir al psicólogo en Málaga

Hay muchos mitos sobre ir al psicólogo, sobre ir a contar tus cuitas y tumbarte en el diván donde un señor con perilla y gafas apuntará cosas en un cuaderno.

Los que han ido al psicólogo saben que eso no es más que un cliché. Ir al psicólogo en Málaga como en cualquier sitio donde lo necesites implica dar ese primer paso, el paso de reconocer que hay algo que no está bien del todo, algo que te hace pararte en tu día a día y sentir que necesitas una ayuda. A veces no eres capaz siquiera de contarlo o de darle forma. Y es posible que en tus primeras sesiones, después de la valoración, cueste ponerle nombre o llegar hasta el problema. Es parte de tu trabajo.

No vas a contar tus problemas (únicamente)

Al psicólogo no se va a soltar penas y problemas. Pero se puede hacer y a veces será necesario. Fuera del cliché del lugar al que entras y coges la caja de pañuelos, cuando vas al psicólogo lo que haces es no solo pedir ayuda, sino estar dispuesto a recibirla. Y eso no será siempre cómodo.

Se incidirá en temas delicados para ti, pero es que sin ahondar en ello no puedes exponer claramente el problema.

Qué contar en el psicólogo la primera vez

Lo que te nazca. Sinceramente. Hay muchas búsquedas en Google sobre “qué decir en el psicólogo la primera vez”. Es un especialista, déjale guiarte. Expón lo que te pasa, sé sincero o sincera, cuenta el problema y luego permita que haga la valoración. Pregúntale la metodología que vais a seguir y que te explique un poco la tónica de las sesiones.

Un psicólogo no “cura”

No te confundas: el psicólogo no es un médico en el sentido estricto de la palabra. No pone tiritas, ni suturas. Lo que hace es ayudarte a ver qué está mal, qué te incomoda y por qué. Un psicólogo sigue una o varias escuelas de psicología para encontrar la mejor manera de llegar hasta esos problemas, de que llegues y ayudarte a conciliar, a superar, a aceptar.

Algunas veces saldrás de allí con una buena sensación y otras con mal sabor de boca. Porque enfrentarnos a nuestras propias verdades y problemas no siempre es fácil. Esa es una de las partes más difíciles: poner en claro lo que te pasa y tomar la decisión de superar y fortalecerte.

El especialista en psicología, sea de la rama que sea, está ahí para ayudarte. Son también personas, en ningún momento pienses que llevan vidas perfectas, todos tenemos nuestra dimensión privada, y la vida es la vida.

Pero dar el primer paso es tu gran momento, es tu acto de fuerza. Y a partir de ahí buscar la ayuda del profesional para dar un cambio a tu vida. Ese es el papel del psicólogo: el de ayudarte, más que guiarte, a cambiar lo que necesitas, por tu propio pie y tus propias decisiones para poder enfocar la vida de una forma más mentalmente sana.

Terapia de Pareja

Terapia de Pareja (I), un paso importante

La terapia de pareja se menciona entre susurros muchas veces, salvo por quienes ya han acudido o están mejor informados sobre las ventajas de la terapia. En muchas ocasiones se ve como un hecho de que efectivamente la pareja, por acudir a terapia, es ya un fracaso. Y no es así. Podemos contároslo directamente, pero mejor a través de unos ejemplos humanos que nos dicen por qué acudir a terapia de pareja puede ser tan decisivo.

Terapia de pareja cuando la comunicación falla:

Fran está taciturno, no se comunica, apenas llega de trabajar, se encierra en su despacho hasta la cena o mira la tele en silencio, sin apenas sacar temas de conversaicón. Vero trabaja desde casa, online, y pasa muchas horas sola sin más conversaciones que las del teléfono o por Skype. Siente que incluso cuando Fran está en casa está sola. No quiere molestar, no quiere sacarle demasiados temas de conversación porque lo ve cansado, puede que desencantado: no lo sabe a ciencia cierta porque no sabe cómo abordarlo, cómo preguntarle qué siente. Cuando están con amigos vuelve a ser ese Fran extrovertido y de sonrisa fácil, pero se meten el coche y es como si se apagara.

Fran por su parte nota a Vero silenciosa, más lejana, siente que ya no habla con ella como antes, pero la ha visto leyendo cosas que ni le suenan, cuando antes pasaban horas hablando de libros; también cómo su trabajo evoluciona y cada vez echa más horas, lo cual está bien, pero apenas sabe qué está haciendo más allá de “consultoría”. Y no quiere preguntar porque en sus horas de ocio seguro que no quiere hablar de ello, así que intenta distraerse en el despacho o viendo la tele.

Estamos ante una situación en la que una terapia de pareja ayudaría a “reconectar” a ambos, al encontrarse con un actor neutral que permitiría centrar una conversación y volver a sentar esas bases que a veces la rutina puede erosionar y el estrés del día a día hace que se invisibilicen esos lazos que, sin embargo siguen ahí.

Relaciones íntimas. Terapia de pareja cuando la pasión se extravía.

Lara y Manu viven juntos desde hace ocho años. Manu es artista, trabaja en un pequeño despacho de diseño y siempre está liado con un montón de proyectos y deadlines que cumplir. Y por desgracia esa presión laboral muchas veces se le pega como una rémora, le cambia el humor y aunque trata de mejorarlo sabe que está distraído, que duerme poco y ya no recuerda la última vez que se acercó a Lara con ánimo juguetón.

Lara por su parte está muy preocupada. El paro se acaba y no es fácil encontrar un trabajo medianamente decente. Se ha esforzado y mucho, ha ido a programas de reorientación laboral, ha pateado calles, comercios y cafeterías. Le han salido trabajos eventuales de muchas horas por poco dinero y no puede evitar sentirse fracasada por un lado, dolida por su situación y la injusticia que supone no poder aportar en casa. Manu no se ha quejado en absoluto, pero siente que no puede acercarse como antes, que está en una situación, que, aunque sabe que en realidad no es así, es dependiente de cierta manera de él trabajo de él, que está bien remunerado y que sabe que ha pedido más horas para suplir el sueldo de ella y poder pagarlo todo.

El día a día, las presiones, la compra, la casa, el salir y patear, el llamar a la orientadora, el ver la cara de desencanto de él cuando le pregunta si ha salido algo hace que esa llama que antes los abrasaba a los dos se haya desvanecido, que en la cama no haya nada más que un hueco entre las sábanas. Y se quieren, pero no se tocan. Y no saben por qué, pero saben que no está bien, que necesitan volver a atizar esas brasas, pero tampoco saben cómo porque siempre aparecen esos negros nubarrones que todo lo enturbian…

Ese es el momento en el que la terapia de pareja puede servir para reavivar lo que sin duda existe, pero a veces no podemos sacar por nosotros mismos. La terapia de pareja es un mecanismo tanto de reconexión como de conciliación, con la otra parte, o con nosotros mismos.

Y la terapia de pareja parte de un principio: querer arreglarlo, querer superar una situación y ser conscientes de que solos no se puede, de que a veces las cosas fallan, que nuestras mentes están ocupadas en otra cosa o en otro círculo del que se ven incapaces de salir.

Continuará…