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El diálogo interior y las profecías autocumplidas

A veces tendemos a condicionarnos, tanto a nosotros mismos como a nuestras actitudes ante las situaciones y los acontecimientos, debido a nuestro propio tren de pensamientos, pensamientos de corte negativo.

Esos pensamientos en muchas ocasiones no son propios, pueden haber sido inculcados. Quizás no con mala intención, pero puede darse que de tanto repetirse se acabe interiorizando a un nivel muy profundo. Decían aquello de que “una mentira contada mil veces puede acabar siendo una realidad”, y en estos casos, si lo unimos al tremendo poder que tienen nuestras mentes, pueden dar lugar a actitudes y formas de comportamiento que vienen dados por ese proceso.

Te puedes descubrir haciendo cien maniobras para aparcar, porque “total, con lo mal que se te da tardarás una eternidad”. O que te veas negado para cualquier actividad manual más o menos mañosa porque “es que siempre has sido muy torpe y a ti eso nunca se te ha dado bien”, repetido una y mil veces en edades tempranas (y no tan tempranas), por alguien cercano. Muchas veces hemos podido escuchar el momento “es que no vale para estudiar”, dicho por progenitores, propios o ajenos, y a la larga, salvo contadas ocasiones, suelen darse procesos en los que se acaba por un abandono de los estudios, cuando quizás esa falta de incentivo hizo que el esfuerzo siempre se viera sofocado por el diálogo interno de esas palabras escuchadas de que no “vale para estudiar”.

Esos diálogos internos son los que a la larga nos boicotean, favoreciendo actitudes muy negativas ante acontecimientos que no tienen por qué ser algo malo para nosotros, que no tienen por qué suponer un esfuerzo extra. Pero la actitud derrotista nos atenaza porque lo hemos oído tantas veces que ya está asumido (sin tener por qué ser verdad), simplemente requiere el esfuerzo de deshacerse de esa interiorización.

Ahí está el trabajo a desarrollar con un psicólogo. En este caso el psicólogo te puede ir guiando, haciendo ver, no “convenciéndote”, sino a través de una terapia adecuada, descubriéndote que ese diálogo interno es algo que nosotros mismos nos ponemos como excusa o que nos ha hecho tanta mella que nos negamos el darnos la oportunidad de hacerlo.

Decía Sun Tzu, en El arte de la Guerra:

«Conocerse a uno mismo y conocer a su enemigo, es no ser derrotado en cien batallas.

No conocerse a uno mismo es derrota segura.

Llegar a conocerse a uno mismo y perder una batalla es una victoria por derrota».

Así que no esperes que llegue la batalla: prepárate, conócete a ti mismo, pide ayuda si la necesitas porque tienes la suerte de que aquí estamos para eso, para ayudarte, y desembarazarte de esos diálogos internos que te lastran y pueden negarte algo que realmente te mereces.