¿Te conoces?

Cuando decimos que conocemos muy bien a alguien, ¿a qué nos referimos exactamente? Probablemente queramos decir que conocemos sus gustos, sus posibles reacciones, las cosas que le sientan mal o le hacen feliz, sus características que le hacen diferente a otras personas… En muchas ocasiones, lo que con los demás nos resulta muy fácil, con nosotros/as nos cuesta.

Hagamos un ejercicio de honestidad, ¿crees que te conoces realmente? ¿Sabes qué hacer para calmarte cuando estás malhumorado/a, qué cosas te animan o te desaniman, o como combatir tu propio aburrimiento de manera satisfactoria? Puede ser una pregunta complicada de responder, o cuya respuesta tenga matices. Conocernos a nosotros/as mismos es, sin embargo, un elemento clave en nuestra autoestima y satisfacción vital. Hablamos, por tanto, de autoconocimiento.

¿QUÉ ES EL AUTOCONOCIMIENTO?

El autoconocimiento, como su propio nombre indica, es el conocimiento que tengo sobre mí mismo/a, sobre mis puntos fuertes y los menos fuertes, sobre las cosas que me hacen sentir bien y la que no. En el día a día nos enfrentamos a muchas situaciones que no podemos controlar o evitar y que generan en nosotros diferentes reacciones, o nos exigen tomar una decisión. A más y mejor me conozca, sepa lo que me gusta y lo que quiero, más probabilidades hay de tomar decisiones que me hagan sentir bien, y de mantener en equilibrio mi estado de ánimo.

¿EN QUÉ INFLUYE CONOCERNOS BIEN?

  • En nuestra autoestima. Autoconocimiento y autoestima van muy ligados. Si me valoro como persona, si estoy reafirmado/a en mi derecho a sentirme bien, voy a buscar cosas que vayan encaminadas a este fin. Voy a esforzarme por conocerme, por saber qué funciona conmigo y qué no, qué cosas me relajan, me hacen feliz. Sabiendo estas, voy a buscar hacerlas todo lo que esté en mi mano para cuidar de mí mismo/a.
  • En nuestro conocimiento sobre los demás y nuestras relaciones con ellos. Si sé lo que me hace diferente al resto, también sé lo que tengo en común con el resto. Me será más fácil encontrar puntos afines con las personas que me rodean y disfrutar de estos, mientras que evitaré presionarme a mí mismo/a u a otros para hacer cosas que sé que no me gustan.
  • En nuestro estado de ánimo. Evito situaciones que sé que me tensan o me hacen sentir mal siempre que esté en mi mano. A su vez, sé a qué cosas recurrir para relajarme, distraerme o sentirme más feliz. Las actividades que realizo en mi tiempo libre son elegidas por mí y me ayudan a sentirme satisfecho/a y a divertirme con mi ocio.

¿CÓMO PUEDE EL AUTOCONOCMIENTO INFLUIR EN ESTOS TRES FACTORES?

Imaginemos la siguiente circunstancia: según mis vivencias previas y el conocimiento que tengo sobre mí, sé que no me gusta el campo, no me siento hábil moviéndome por él, los insectos me molestan y, en definitiva, no paso allí un día agradable. Mis amigos han acordado ir a hacer senderismo el domingo por la mañana, muy temprano. Tengo ganas de ver a mis amigos y me gusta estar en los planes con ellos, pero no me apetece nada ir al campo: conociéndome, lo voy a pasar mal yo y se lo voy a hacer pasar mal a los demás, porque mi malestar va a ser muy evidente. Lo que sí me apetece, es comer en casa con ellos y ver una película. Además, cocinar me relaja, y el cine me encanta, y mi actor favorito tiene una película que estoy deseando ver. ¿Qué puedo hacer? Dado que ellos han quedado temprano para volver antes de la hora de comer, puedo preparar una comida en mi casa e invitarles. Así, ellos hacen su plan, que a mí no me gusta y voy a pasarlo mal, y yo puedo verles igualmente, haciendo un plan que para mí es más agradable. Cuido de mi propio bienestar, no sometiéndome a algo que sé que no me va a gustar, pero también cuido de mis relaciones con el entorno, evitando el conflicto que podría suponer estar a disgusto en el campo y ofreciendo un plan alternativo sin quitarles el suyo.

La persona del ejemplo sabe lo que no le gusta, el campo, y lo que sí, la cocina y el cine. Quiere a sus amigos, pero también se quiere a sí misma, por eso no va a hacer algo que le causa malestar solo por estar con ellos, en su lugar, idea un plan alternativo que la haga sentir bien y que también guste al grupo, aceptando que estos puedan tener su propio gusto y hacer algo sin ella porque, en este ámbito, son diferentes. No pasa nada, porque tienen otros puntos comunes que pueden disfrutar juntos.

El autoconocimiento es fundamental para mantener una salud mental sana. Conocernos a nosotros mismos instaura unos cimientos fuertes para cuando las circunstancias que nos rodean se tambalean, nos da herramientas y recursos para afrontarlas mejor y nos rodea de las personas a las que queremos a nuestro lado, con las que nos sentimos realmente conectadas. Párate a conocerte, seguro que te encantas.

autoestima

Autoestima: lo que debes saber y algunos consejos

Autoestima, un concepto del que, hoy por hoy, mucha gente habla y que en nuestro despacho de psicología es habitual encontrar a personas que vienen a consultarnos con la etiqueta “Tengo la autoestima baja”, sin tener muy claro en realidad que es eso de la Autoestima en sí.

Así qué…¿Qué es la Autoestima?. Podríamos definir la autoestima como:

La evaluación que hace la persona de ella misma, puede ser positiva o negativa, es algo que depende de las vivencias que haya tenido la propia  persona o de lo que le han ido diciendo que es la base para ir formando su autoconcepto y su identidad.

Javier Álvarez, Psicólogo en Málaga.

La autoestima se empieza a ir formando a lo largo de la niñez y se configura a lo largo del tiempo y con las influencias externas e internas.

Padres, profesores, adultos… deberíamos ser conscientes de la importancia de los mensajes que transmitimos a los niños, ya que a través de esos “mensajes” se van formando las creencias que tendrán los futuros adultos, creencias, que juegan un papel primordial en el constructo de la Autoestima.

Por tanto la Autoestima irá guiando nuestra conducta, nuestra manera de afrontar las situaciones acorde a lo que pensamos de nosotros y lo que creemos que piensan los demás de nosotros.

Como una vez me dijo una asistente a un taller de Autoestima “…es cuánto te quieres a ti misma”. Me parece una manera coloquial muy acertada de definir la Autoestima.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra Autoestima?

  1. Piensa en cómo te hablas a ti mismo, qué es lo que te dices.
  2. Visualiza qué quieres conseguir y quién quieres llegar a ser. Céntrate en el camino para llegar al final y no en el resultado. Eres mucho más que el resultado.
  3. Habrá errores que serán maneras de saber lo que no tienes que hacer.
  4. Pregúntate qué puedes hacer tú ante cualquier situación, responsabilízate de cómo quieres vivir.
  5. Prueba cosas nuevas, ¡es la mejor manera de tener resultados diferentes!
  6. Cuida tu alimentación cuida el sueño, cuida el deporte.
  7. Conviértete en tu mejor amigo, aprende a quererte y a perdonarte, a la vez rodéate de personas que te hagan sentir bien.
  8. Cambia los “tengo que” y los “debería” por…”quiero” o “me gustaría”.
  9. Cuida tus redes sociales.
  10. Lee sobre crecimiento personal.

No olvides consultar con un profesional si te sientes identificado/a con lo que denominamos una Autoestima baja, o crees que te puedes estar influenciando negativamente en tu día a día.

En javierpsicologomalaga.com estaremos encantados de atenderte y ayudarte a ver y aprovechar todo el potencial que tienes como persona.

Los Celos en Pareja. Psicólogo en Málaga

Una de las conductas que causan más malestar en uno mismo, en la pareja y que más nos encontramos trabajando en Terapia de Pareja como psicólogo en Málaga, son los celos, lo que denominamos conducta.

Podríamos definir los celos como un sentimiento de alta intensidad que provoca malestar emocional y conductas disruptivas en la pareja, poniendo la relación en crisis constantes que generan una relación disfuncional.

Disfuncional porque provoca una merma de la calidad en áreas como el intercambio de reforzadores positivos, la comunicación y principalmente menoscabando la confianza.

Los celos surgen cuando interpretamos algún estímulo o situación como amenazante para nuestra relación.

En este punto es importante distinguir entre “celos racionales” y “celos irracionales”.

Todos, en mayor o menor medida hemos sentido alguna vez a lo largo de nuestra vida la emoción de los celos, de una manera sosegada, racional, sabiéndolos interpretar y regular la intensidad emocional que nos generan. 

El problema surge cuando interpretamos un estímulo, ya sea una persona o una conducta como una amenaza, una amenaza para nosotros mismos o nuestra relación, y, convertimos algo “normal” en algo irracional, decimos irracional ya que no hay motivo para lo que estamos pensando, sintiendo y probablemente haciendo.

Es cuando por ejemplo “sospechamos” de un mensaje de whatssap, un café, una llamada, una mirada… cualquier situación es buena para dejar volar nuestra imaginación.

Nos convertimos en verdaderos detectives, miramos el móvil de nuestra pareja, su correo, podemos llegar a seguirla, hablar con amigos, aparecer en el trabajo con alguna excusa, cualquier cosa que pueda llevar a hacernos ver que estamos en lo cierto, que no es que yo sea celoso, es que tengo motivos para desconfiar.

Como además en los celos hay una conducta ansiosa acompañada de pensamientos negativos la interpretación de lo que estamos vivenciando nos hace ver real lo que es irreal. “Todo cuadra en nuestra mente”.

Las personas que sufren de conducta celotípica suelen tener (a grandes rasgos) dos características que hacen que se retroalimente dicha conducta: la inseguridad y la baja autoestima.

  • La inseguridad nos hace ver “amenazas”. Vemos  un peligro en agentes externos que no podemos controlar. De hecho las personas que sufren celos intentan “controlar” como mecanismo para la disminución de la ansiedad que padecen, sin darse cuenta que de tanto controlar acaban descontrolando (paradoja del control).
  • La baja autoestima provoca la comparación constante, una comparación distorsionada por el propio malestar.

Los psicólogos trabajamos los celos en Terapia Individual o en Terapia de Pareja.

Es recomendable alguna sesión con la pareja para ayudar a entender el porqué se producen los celos y el cómo podemos ayudar a tratar y superar los celos.

En una Terapia Psicológica, como psicólogo en Málaga, trabajamos las áreas deterioradas de la pareja como por ejemplo el control que se realiza, la desconfianza, el intercambio de reforzadores o el desgaste emocional que se ha producido.

A nivel individual se trabaja la Inseguridad, la Baja Autoestima, el cuestionamiento de la interpretación sobre hechos y nuestra pareja, el concepto de engaño, y aquellos pensamientos relacionados con el miedo: el miedo a perder a alguien sin darse cuenta que la pareja se deteriora, no por lo que yo estoy erróneamente interpretando, sino por todo aquel desgaste que estoy provocando en mí y en mi pareja.

duelo no vivido

DUELO POR LO NO VIVIDO

En esta ocasión, aprovechamos este blog para hablar, escribir, sobre un tipo de Duelo del que se ha escrito muy poco, y, que consciente o inconscientemente todos transitamos por el, “El Duelo por lo no Vivido”.

¿Qué es el Duelo por lo no vivido? Es cuando algo no ha sido y no va a ser, pero, nosotros luchamos o sufrimos por lo que creemos que debió ser, lo que creemos merecer o lo que me hubiese gustado tener a lo largo de mi vida.

Sin darnos cuenta hay algo que nos afecta a nivel emocional y repercute en nuestros pensamientos, emociones y conductas. Nos llena de frustración la constante espera, la espera de algo que no va a llegar.

Así por ejemplo, si atendemos a nuestro diálogo interior, podemos sorprendernos pensando qué debió hacer mi padre, qué trabajo debí tener, cómo deberían ser mis hijos, cómo me hubiese gustado vivir mi vida…

Al estar focalizados en cómo deben ser las cosas o las personas acorde a mis expectativas, no me centro en como son en realidad, impidiéndome disfrutar o “digerir” lo que es, no consiguiendo ACEPTAR.

¿Qué hacer con un Duelo no vivido?  En este punto es muy importante la elaboración del Duelo. Un duelo es un camino que hay que transitar, un proceso porque es dinámico sino queremos quedarnos anclados al inicio del camino.

Respecto a lo que no ha podido ser, es muy importante trabajar algo para lo que no nos han enseñado: la RENUNCIA. Nos cuesta mucho renunciar, sin darnos cuenta, que al no saber o poder renunciar dirigimos nuestra atención a aquello que nos va a llenar de frustración, ansiedad o bajo estado de ánimo.

Tiene que ser un proceso consciente en que renunciamos a aquello que no existió, no existe y no va a existir, con el objetivo de conseguir la aceptación de lo que no es cómo querría que hubiese sido.

Así por ejemplo, si mi padre no iba conmigo al parque sería interesante que viese a mi padre en conjunto, puede ser que a nivel afectivo no fuese el padre que yo necesitaba, quería o me hubiese gustado, pero, quizás en otros campos si “estuvo a la altura”. Si lo vemos en conjunto y “la balanza sigue muy negativa”, razón de más para trabajar la renuncia a lo que no ha sido.

Si mi pareja no es muy social y a mí me gustaría una pareja que no sea tan tímida, tendremos adaptarnos, renunciar a la idea de la “pareja perfecta”.

El objetivo no es idealizar lo que no fue o “que nos dé igual”, el objetivo es cerrar un proceso, una etapa de algo que no ha sido y no va a ser.

A veces conseguiremos renunciar a través de un trabajo cognitivo, de modificar nuestros pensamientos, otras veces tendremos que realizar algún ritual para “despedirnos” de un ideal.

El duelo por lo no vivido nos puede causar tanto dolor como impedirnos vivir del momento presente en toda su potencialidad, estando aferrados no ya al pasado sino a una idea de pasado. Ese factor, ese dolor sordo que permanece es algo que con el adecuado trabajo, que con la asistencia profesional de un psicólogo en Málaga, puedes mejorar y llevar a mejor puerto. La renuncia, el trabajo cognitivo de ello y sobre todo, las ganas de superar y mejorar nuestro estado actual para ganar en calidad de vida.

Estamos para ayudarte.

dialogo interior

El diálogo interior y las profecías autocumplidas

A veces tendemos a condicionarnos, tanto a nosotros mismos como a nuestras actitudes ante las situaciones y los acontecimientos, debido a nuestro propio tren de pensamientos, pensamientos de corte negativo.

Esos pensamientos en muchas ocasiones no son propios, pueden haber sido inculcados. Quizás no con mala intención, pero puede darse que de tanto repetirse se acabe interiorizando a un nivel muy profundo. Decían aquello de que “una mentira contada mil veces puede acabar siendo una realidad”, y en estos casos, si lo unimos al tremendo poder que tienen nuestras mentes, pueden dar lugar a actitudes y formas de comportamiento que vienen dados por ese proceso.

Te puedes descubrir haciendo cien maniobras para aparcar, porque “total, con lo mal que se te da tardarás una eternidad”. O que te veas negado para cualquier actividad manual más o menos mañosa porque “es que siempre has sido muy torpe y a ti eso nunca se te ha dado bien”, repetido una y mil veces en edades tempranas (y no tan tempranas), por alguien cercano. Muchas veces hemos podido escuchar el momento “es que no vale para estudiar”, dicho por progenitores, propios o ajenos, y a la larga, salvo contadas ocasiones, suelen darse procesos en los que se acaba por un abandono de los estudios, cuando quizás esa falta de incentivo hizo que el esfuerzo siempre se viera sofocado por el diálogo interno de esas palabras escuchadas de que no “vale para estudiar”.

Esos diálogos internos son los que a la larga nos boicotean, favoreciendo actitudes muy negativas ante acontecimientos que no tienen por qué ser algo malo para nosotros, que no tienen por qué suponer un esfuerzo extra. Pero la actitud derrotista nos atenaza porque lo hemos oído tantas veces que ya está asumido (sin tener por qué ser verdad), simplemente requiere el esfuerzo de deshacerse de esa interiorización.

Ahí está el trabajo a desarrollar con un psicólogo. En este caso el psicólogo te puede ir guiando, haciendo ver, no “convenciéndote”, sino a través de una terapia adecuada, descubriéndote que ese diálogo interno es algo que nosotros mismos nos ponemos como excusa o que nos ha hecho tanta mella que nos negamos el darnos la oportunidad de hacerlo.

Decía Sun Tzu, en El arte de la Guerra:

«Conocerse a uno mismo y conocer a su enemigo, es no ser derrotado en cien batallas.

No conocerse a uno mismo es derrota segura.

Llegar a conocerse a uno mismo y perder una batalla es una victoria por derrota».

Así que no esperes que llegue la batalla: prepárate, conócete a ti mismo, pide ayuda si la necesitas porque tienes la suerte de que aquí estamos para eso, para ayudarte, y desembarazarte de esos diálogos internos que te lastran y pueden negarte algo que realmente te mereces.

¿Te has planteado tus objetivos de Año Nuevo?

¿Te has planteado tus objetivos de Año Nuevo?

Es bien sabido por todos que en Enero muchas personas se plantean (nos planteamos) dieta, gimnasio, buenos hábitos alimentarios, estudiar inglés, cambiar algo…, un sinfín de objetivos que por desgracia suelen quedar en intenciones o en el mejor de los casos
mantenemos unas pocas semanas.

Pero, ¿A qué se debe que no consigamos nuestros objetivos? Nos puede ayudar preguntarnos ¿Qué es lo que quiero conseguir?, y ¿Para qué lo quiero conseguir?.

Puede parecer simple pero no lo es tanto, el mayor error por el que abandonamos nuestros objetivos es no tenerlos bien definidos. Al no tenerlos bien definidos no hay motivación o la que hay la vamos dejando por el camino del tiempo.

A nivel de objetivos y motivación no es lo mismo decirme “Tengo que correr para adelgazar”, que… “me gustaría empezar a correr y mantenerme en forma”

Para lograr objetivos hay una técnica que utilizamos la mayoría de psicólogos y coach, es la aplicación de la regla “SMART”. Smart es un acrónimo que significa lo siguiente:

  • S: Specific (Específico). El objetivo tiene que estar bien especificado no puede ser algo muy abstracto del tipo “podría estar bien correr…”, , “a lo mejor algún día me pongo a…”. Algo específico sería del estilo, “me voy a preparar para hacer una media maratón”
  • M: Mesurable (Medible). Si para conseguir mi objetivo voy consiguiendo pequeños logros sabré que estoy en el camino y alimentaré mi motivación para llegar a la meta. Poco a poco iré adaptando la alimentación a mi objetivo, iré cogiendo rutinas de entrenamiento y/o veré como voy mejorando marcas y distancias.
  • A: Achievable (Alcanzable). El objetivo ha de poder alcanzarse. A medida que vamos viendo que el objetivo se acerca la motivación no es que disminuya es que se incrementa.
  • R: Realistic (Realista). Mi objetivo ha de ser realista. Yo puedo empezar a correr para estar en forma y preparar una media maratón pero la mayoría de los mortales no competiremos en las próximas olimpiadas. Los objetivos no realistas nos llevan a la frustración y al abandono.
  • T: Time-Base (Acotados en el tiempo). Es necesario marcar unos plazos para no caer en el fenómeno de la procrastinación que es cuando nos decimos…”ya empezaré mañana”.

Pensamos que ahora, a mitad de año es buen momento para plantear nuevos objetivos, al igual que en Navidades. En verano o al finalizar el verano volvemos a fijarnos los objetivos que Navidad tras Navidad nos habíamos propuesto y que si no modificamos la manera en que nos los planteamos al final del verano sucederá lo mismo que meses atrás.

Esperamos este artículo te ayude sino a conseguir tus objetivos saber por qué no se están logrando y, esta vez, sea un “poquito” diferente el resultado.

No dudes en ponerte en contacto conmigo si crees que necesitas “el puntito” para conseguir tus metas, a través de técnicas de psicología y técnicas de coach quizás te resulte más sencillo.

A trabajar y a por tus metas!!!!!